El estado exlusivo, publicado por LA NACION

Viernes 20 de noviembre de 2009 | Archibaldo Lanús

En el siglo XIX, se lo llamó "unicato", que en sus formas extremas se transforma en populismo cuando el "líder" prescinde de la mediación de las instituciones, pretendiendo una relación directa con el pueblo en la que asienta su autoridad.

La concentración del poder adquiere en estos tiempos características semejantes a lo que ocurre en los países más atrasados del Asia y de Africa, donde el Estado ha pasado a ser el partido único.

Las fuerzas y grupos políticos o de intereses se baten entre sí para abordarlo, dominarlo y, a partir de allí, ejercer el poder. Alrededor del Estado se forma una ciudadela de negocios. Las empresas dependen del favor del grupo que lo domina (generalmente, muy pocos). Es el anillo del capitalismo prebendario ligado íntimamente al Estado. Allí se entra (o de allí se sale) según las complicidades y vínculos de negocios. También, a veces, prestan sus influencias a las empresas extranjeras, que necesariamente deben pasar por los facilicitadores (los hombres ligados al poder ).

La segunda etapa en el proceso de concentración es reducir reglamentariamente la libertad política, de pensar, de elegir, de formar partidos, de ser elegidos, de sostener intereses sociales diferentes de los que dominan el polo hegemónico. El nuevo proyecto de ley electoral y de partidos políticos parece encaminarse a lograr que la Argentina ordene su actividad política. El objetivo es bastante claro: "Compactar" y "excluir". Incentivar a los grandes partidos, definir su actividad con reglas internas y formas de participación política predeterminados y, por otro lado, impedir a los nuevos, pequeños o los que no cuenten con suficiente apoyo en las "internas", introducir alternativas no controlables. Las grandes nomenclaturas políticas se entenderán, en la continuidad, en la complicidad, y en la distribución del poder.

De esta forma, la política legitimará el sistema de una república alejada de la diversidad de los intereses del pueblo, la polis quedará prisionera de los caprichos de la nomenclatura política. En fin: como dijo Roque Sáenz Peña antes de la reforma electoral de 1912, como entonces, "esto no es una república".

A poco de cumplirse el segundo Centenario, Joaquín V. González observaría con tristeza que la República ha continuado el camino hacia la concentración del poder político.

La esperanza de cumplir la promesa que fuimos parece anegarse en presagios no muy alentadores. Todos los que llevamos aún en el corazón la Patria que inspiró nuestros ideales de libertad, solidaridad, independencia nacional, prosperidad y justicia, debemos contribuir con lucidez a alertar al pueblo sobre los peligros que se ciernen sobre nuestro porvenir.

El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que tengamos la capacidad de emprender ahora. © LA NACION .

El autor es diplomático e historiador.


FUENTE: http://www.lanacion.com.ar/1201775-estado-exclusivo#comentar

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