Borramos cien años de historia

Lunes 15 de octubre de 2007 | Publicado en La Nacion

"El futuro no es lo que era"
Paul Valéry

La calidad institucional de un país es el primer título de su presentación en el mundo. Prueba de su madurez, imagen de respetabilidad o síntoma de conflicto social, el buen funcionamiento del sistema político refleja consenso sobre la forma de gobierno y una cultura política en concordancia con la Constitución.

Como decía Alexis de Tocqueville en su Democracia en América , más importantes que las leyes son las "costumbres", es decir, las conductas.

Desafortunadamente, las costumbres políticas en la Argentina se han degradado. Durante muchas décadas, la lucha contra las manipulaciones electorales, la compra de votos y el fraude en todas sus manifestaciones fueron temas centrales de las preocupaciones políticas.

El general Bartolomé Mitre se levantó en La Verde (1874) contra el supuesto fraude cometido en la elección de Nicolás Avellaneda.

Años más tarde, numerosas fueron las manifestaciones contra la máquina electoral creada por Roca, que sirvió para consagrar a su concuñado Juárez Celman.

Luego de repetidos levantamientos, debates, y luchas políticas, Roque Sáenz Peña sanciona en 1912 la ley de voto secreto y obligatorio. En pleno Centenario, LA NACION (el 15 de noviembre de 1910) había afirmado que los comicios libres no existían, añadiendo que los derechos electorales habían sido hasta entonces una farsa.

La literatura testimonia lo arraigado de los truculentos hábitos electorales, donde, como dice el sainete, el caudillo era el "recolector" y el Gobierno era el elector.

Elecciones limpias, verdaderamente libres y sin proscripciones tuvieron lugar en los años 1916, 1922, 1928, 1946, 1952, 1973, 1983, 1989, 1995, 1999. Fuera de estos casos, siempre hubo algún tipo de manipulación o proscripción.

El 28 de octubre volveremos a repetir los viejos síndromes del fraude y la proscripción. Las recientes elecciones de Misiones y Córdoba demuestran la sospecha que planea sobre las autoridades y la falta de confianza que ha invadido a la sociedad argentina. A nivel nacional, el partido peronista está intervenido y, por lo tanto, proscripto, a pesar de las presentaciones judiciales que se hicieron.

El Gobierno ha vuelto a abrir la caja de Pandora: el fraude preelectoral anuncia una trampa que invalidaría la legitimidad del resultado de los comicios.

Borramos cien años de combates por comicios limpios: para ganar las elecciones en la República Argentina hay que repartir dinero, electrodomésticos e inodoros.

El sainete criollo que todavía se representa en los teatros de la calle Corrientes de Buenos Aires volverá a evocar los temas del fraude y la trampa.

La Argentina, como el cangrejo, camina retrocediendo, a casi doscientos años del 25 de Mayo de 1810, para reproducir una costumbre arcaica. La República quiso ser virtuosa, pero, desgraciadamente, le pide al ciudadano que renuncie a su dignidad por una quimera.

Por su calidad institucional, la Argentina ha pasado al lugar reservado a los pueblos secundarios.

Qué triste para aquellos que soñaron con una República virtuosa Quizá sólo podremos guardar de ella la utopía de una República imaginaria. .

El autor es vicecanciller, ex embajador en Francia y ante las Naciones Unidas, en Ginebra. Escritor e historiador, Lanús es candidato a senador nacional por la Capital en el frente que postula a Rodríguez Saá para presidente.

 

Link: http://www.lanacion.com.ar/953235-borramos-cien-anos-de-historia 

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