Pensar en el bicentenario de la Argentina, y después

Papel producido para el Foro del Bicentenario, por Juan Archibaldo

Buenos Aires, marzo de 2007

Desde el comienzo de su existencia en tanto que nación, el pueblo argentino concibió su destino como una promesa de vida plena. Pertenecíamos a un mundo nuevo alejado de guerras e intolerancias, de hambrunas y desigualdad social. La naturaleza nos fue pródiga por su clima y por los recursos que puso a nuestra disposición.

La voluntad de ser forjó la República. Luego de la epopeya de los guerreros que combatieron por la independencia, de vivir épocas de luchas intestinas que postergaron la unidad y de la confrontación de ideas que enriqueció nuestra organización política y económica, ese país que soñaron los fundadores de la patria se creó sobre los ideales de libertad, bienestar y educación para todos los habitantes de nuestro suelo.

Adoptamos la forma de gobierno republicana, representativa y federal. Sancionamos una Constitución que establece la división e independencia de poderes y consagra la garantía al respeto de los derechos humanos y cívicos.

Incorporamos los valores de la cultura de Occidente, la fe judeo cristiana como religión predominante en el marco de la libertad de cultos, manteniendo en la conciencia colectiva del pueblo una visión humanista que integró el patrimonio de la cultura ancestral de América. Tuvimos desde nuestro primer momento constitutivo una vocación innata por absorber lo nuevo y variado de otras culturas y aprovechar el conocimiento acumulado por la ciencia universal.

Nuestro proyecto nacional convocó a millones de seres humanos que vinieron de muchas partes del mundo para compartir el brillante porvenir que auguraba una Nación que lo quiso todo y pronto.

Hacia el fin del siglo XIX éramos el anuncio de una gran potencia, un lugar privilegiado por la geografía y por la energía vital de un pueblo emprendedor y culto, ávido de modernidad, que tuvo la convicción de haber iniciado una ascendente marcha

que colocaría a la Argentina, por su importancia política, económica y cultural en los primeros lugares del conjunto de las naciones del mundo.

Próximo a cumplirse los doscientos años desde la formación del Primer Gobierno Patrio del 25 de Mayo de 1810, la República Argentina se apresta a celebrar en el año 2010 su Segundo Centenario.

Este aniversario podría ser un momento propicio para celebrar los logros de la extraordinaria aventura que fue construir un Estado que, en pocas generaciones, se destacó entre las primeras naciones del mundo por el nivel de su cultura, el bienestar de su población y las ambiciones de sus objetivos políticos y sociales.

Una visión retrospectiva sobre el camino recorrido permitirá observar las grandes realizaciones sociales llevadas a cabo por la Nación Argentina, pero también descubrir los factores negativos que han actuado en el curso de nuestra historia y a la vez, discernir las expectativas sociales aún postergadas. Una opinión generalizada afirma que en la conciencia colectiva de la Nación existe la percepción de que la Argentina es una promesa incumplida Fuimos un presagio de plenitud, un ideal de libertad y prosperidad cuya plena realización aún no ha sido cumplida.

La Argentina del Primer Centenario

1. Al conmemorar el primer Centenario de la Revolución de Mayo ocupábamos el décimo lugar en el mundo por el nivel de ingreso por habitante, teníamos más kilómetros de ferrocarril con relación a la población que cualquier otro país, la calidad y presupuesto de algunos de nuestros institutos científicos eran comparables a los mejores del mundo para suscitar la admiración de los extranjeros que nos visitaban, la alfabetización de nuestro pueblo era más alta que la de algunos países europeos.

Buenos Aires tenía más teatros que París, un zoológico sólo comparable al de Berlín y su puerto ocupaba el octavo lugar en el mundo y segundo en América, luego del de Nueva York.

2. Un apotegma guiará por muchas décadas la transformación social del país: “gobernar es poblar”.

Las Bases y Puntos de Partida para la organización de la República Argentina de Juan Bautista Alberdi contenían las ideas-programa de una República que debía crearse; era la guía para una Nación decidida a reconquistar su futuro por sobre los rencores de una guerra civil que se creyó extinguida para siempre. Alberdi tuvo el genio de interpretar los motivos fundamentales de la Organización Nacional que se inauguraba y de descubrir la pieza más preciosa del porvenir elegido: la inmigración europea.

Los flujos inmigratorios fueron permanentes entre 1870 y 1959. Mientras la población de Estados Unidos aumentó cuatro veces en ochenta años (1870 a 1950) la Argentina incrementó sus habitantes más de diez veces entre 1869 y 1959.

En 1910 llegaron a la Argentina 289.640 inmigrantes de ultramar. Armando Bellusci decía que "el flamante puerto Madero era la tolva incesante con la que entraban en el país, desde el occidente europeo, máquinas, gente, moda, cultura". En ese año fue inaugurado el túnel trasandino que posibilitó unir por ferrocarril las ciudades de Valparaíso y Mendoza.

3. Una exaltación cívica acompañó a todos los niveles sociales la celebración del Centenario, como si el pueblo argentino hubiese encontrado su lugar en la historia. Aunque en la ciudad de Buenos Aires sólo el cuarenta y nueve por ciento de los habitantes eran argentinos nativos y la mayoría de los obreros de las fábricas eran extranjeros, la fiesta del Centenario fue un momento de exaltación patriótica. Los titulares de los diarios reflejaban la apoteosis:

"¡Salve, salve Argentina! tu futuro destino: ¡Que la gloria siempre sea contigo mientras continúes por el sendero trazado por los héroes de tu epopeya!" (La Nación, 25 de mayo de 1910).

"Su cultura, su patriotismo, las virtudes de su carácter, la extensión y carácter de sus suelo, la bondad de su clima y el profundo espíritu de sus instituciones orgánicas... ¿Cómo puede fracasar un país dotado de tal suerte" (La Prensa, 29 de abril de 1910).

A pesar de ser un período de sucesivos y violentos conflictos sociales y de huelgas, de haberse decretado el estado de sitio, no obstante que en junio una bomba estalló en el Teatro Colón, que el más importante partido de la oposición haya decidido el último día de 1909 la abstención electoral; a pesar de todas las fragilidades que presentaba el universo de la política, nada pudo quebrar el ánimo de un optimismo desbordante sobre los logros de la República y su prestigio internacional.

4. El ejemplo argentino era celebrado por la prensa extranjera. "El Diario" de Madrid no ahorraba elogios ante el "soberbio despertar" de la Argentina cuya fuerza decía, "aniquilará todo lo que se le oponga a su paso". ("El Diario", 8 de abril de 1910). En una larga separata The Times de Londres se dedicaba a elogiar a nuestro país por ser "uno de los sucesos asombrosos de los últimos tiempos" (28 de abril de 1909).

Las fiestas del Centenario fueron la oportunidad de expresar una euforia patriótica que se extendió a la mayoría del pueblo argentino en dos sentidos: por las realizaciones cumplidas y por la confianza en el porvenir. Se miró el pasado con una visión que integró la historia del país sin parcializar entre buenos y malos, porque era la Patria de indios y gauchos, de inmigrantes y doctores, de la conquista del desierto y de los combates por la capitalización de Buenos Aires, de la epopeya de la independencia y de la resistencia de Rosas al bloqueo anglo-francés de 1845. Nadie debe olvidar que cuando Napoleón III inauguraba a mediados del siglo XIX su reino celebrando el potencial industrial de Francia, las dos terceras partes del territorio argentino estaban desocupada o eran desconocidas.

Sobre esa Argentina ascendente e integradora de seres humanos se habían acuñado varios nombres: "tierra de promisión" y "granero del mundo". Éramos, como

se decía, "un crisol de razas" que otorgó a nuestra cultura un sello de modernidad que nunca abandonaría.

Éramos, como dijo Rubén Darío en su Canto a la Argentina (1910) una Argentina universal "hogar de todos los humanos".

"Salud, patria, que eres también mía puesto que eres de la humanidad".

UN CAMINO CONTRADICTORIO

5. La tradición literaria argentina refleja nuestra inclinación a reflexionar y ahondar sobre nosotros mismos. Domingo F. Sarmiento, José Hernández, Lucio V. Mansilla a Fray Mocho en el ensayo, la novela o la poesía plantearon los temas de su predilección. La barbarie, el gaucho perseguido, un país sin ciudadanos. Desde la izquierda se lanzaron condenas a "la oligarquía" o a la "década infame".

El año en que se celebró el Primer Centenario, Manuel Gálvez en su "Diario de Gabriel Quiroga" hizo una seria admonición al "materialismo" de la sociedad, demolió la "absurda megalomanía" de Buenos Aires que "en la gloria aparente de sus bellezas prestadas, ostenta su triste condición de pueblo secundario". Ricardo Rojas en su "Restauración Nacionalista" decía lo siguiente: "Hoy al celebrar el Centenario, nos sentimos como una colonia de las viejas metrópolis". Más tarde Leopoldo Lugones y otros propusieron revisar el "ideario ya envejecido de Sarmiento y Alberdi".

Eduardo Mallea fue otro gran crítico de la cultura dominante en la Argentina y de aquellos que amparados en un "lujoso fariseísmo" "habían desnaturalizado la vida en la Argentina". Él observaba en ese "argentino visible" el germen de una decadencia espiritual.

"De ellos recibimos, con triste frecuencia gobierno, voz, magisterio, proclamas, y con lo que ellos digan de nosotros debemos contentarnos todos ( ...) Su género es el discurso; su apoteosis, el banquete; su seduccción más inquietante, la publicidad. No siempre venales, pero subyugados siempre, llamados por la medusa de la pública exaltación de su persona en las formas más diferentes (...) Para ese mundo lo más importante era el gesto. Con el gesto se compra, con el gesto se vive, y era el gesto lo que había que valorizar" (Mallea, Eduardo. Historia de una pasión Argentina.)

Con posterioridad a la celebración del Primer Centenario las décadas pasaron y el juicio controvertido sobre la evolución política y cultural del país repitió su diagnóstico, desde la derecha o la izquierda en los estudios sociológicos o históricos y en no pocos obras de autores extranjeros.

6. No cabe duda que son muchas las ventajas que comparativamente favorecen a la Argentina. El clima es un privilegio, la simpatía y el buen nivel cultural de su población es indudable, que tenemos la ventaja de poseer una gran extensión territorial (octavo lugar en el mundo) y una generosa dotación de recursos naturales nadie lo duda, que no han existido conflictos étnicos o religiosos en su población y que muchos otros son los rasgos que auguraban un destino pacífico y próspero. Pero no ha sido así, efectivamente la historia del país está jalonada de confrontaciones políticas violentas, de tensiones sociales y crisis económicas que han contribuido a darle al país un perfil con facetas contradictorias, un carácter inestable y, en algunos momentos, un rumbo impredecible. No sería desacertado diagnosticar que existiría un "mal argentino".

Su rango mundial

7. Colin Clark en su primera edición de The conditions of economic progress (1940) - el primer trabajo que compara el ingreso entre las naciones-, dijo que la Argentina ocupaba en la década del veinte el sexto lugar en el mundo (detrás de EE.UU., Canadá, Nueva Zelanda, Gran Bretaña y Suiza). Argentina tenía una mejor posición que Francia y Holanda.

Los argentinos que habían gozado de un ingreso per cápita equivalente a un 75 por ciento del de un ciudadano inglés en 1913, mejoraron paulatinamente el ingreso por habitante hasta llegar al 80 por ciento de aquel en 1927. En 1936 volvió al 72 por ciento. Respecto a Estados Unidos, que era ya antes de la guerra la principal potencia económica, el ingreso por habitante en la Argentina equivalía al 70 por ciento del de un norteamericano en 1913, en 1920 al 58 por ciento y en 1936, después de la crisis y de las dificultades que las políticas proteccionistas causaron a nuestra economía, el ingreso promedio del argentino continuaba siendo el equivalente al 63 por ciento por habitante de los ciudadanos de la primera potencia mundial. (1)

8. A partir de la década del 60 la Argentina ha perdido posiciones midiendo su ingreso por habitante. Fue superada por España, Corea y países asiáticos que la Segunda Guerra había dejado en la pobreza.

En 1950 la Argentina era la primera economía de América Latina (30% PB regional); en 1960 la segunda y en 1980, luego de Brasil y México, la tercera. Entre 1980 y el año 2005 la Argentina perdió ocho posiciones en el rango mundial.

Pero si consideramos el siglo XX en su conjunto, la economía argentina es el más notable caso de retroceso con relación a los principales países del planeta. El año 1900 ocupábamos el 13o lugar, habiendo retrocedido dieciocho posiciones a fines del siglo. El PBI por habitante, a lo largo del siglo XX aumentó 3.3 veces, mientras el promedio mundial fue casi cinco veces.

La participación de las exportaciones argentinas en el comercio mundial no ha cesado de disminuir. Con referencia a la Segunda Guerra Mundial del siglo pasado, en 1950 nuestras exportaciones eran el 1.9% mientras que en 1999 sólo el 0,4 del total mundial. Estas exportaciones en 1999 representaban el 10.8% del PB, mientras que en Canadá el 42.5% en Chile el 30.7 y en México el 31.8%. Los datos estadísticos comparativos consignan el paulatino descenso en el rango de las naciones que el país experimentó sin que los responsables políticos ni la opinión pública hayan querido tomar conciencia de esa realidad. En muchos momentos -sin duda los peores- ausentes de espíritu crítico cortamos las amarras con el mundo para proclamar la consigna "Argentina potencia" o culpar a los de afuera de nuestros males. Fue el presagio de una decadencia moral que nos impedirá "comprender". La consigna y las banderas ideolológicas, el mote y la sumisión a la autoridad, nos impedirá el debate libre que nos hubiese permitido a tiempo cambiar el rumbo.

Una democracia que se busca

9. Pocos años después del Primer Centenario, el Presidente Roque Sáenz Peña cumple con la promesa contraída con el pueblo, “un compromiso de honor y patriotismo”, al elevar al Congreso el proyecto de ley votado en 1912 que establecía el voto secreto y obligatorio como instrumento para terminar con el fraude y las manipulaciones electorales que habían hecho de los derechos cívicos una “farsa” como diría un gran diario argentino. Se intentó con esta reforma mejorar la calidad del funcionamiento de una República que continuó sin embargo siendo muy imperfecta y que en todo caso fue interrumpida entre 1930 y 1982 por golpes de estado militares y cívico-militares que entronizaron gobiernos inconstitucionales que suspendieron las libertades cívicas y atentaron contra los derechos humanos. En algunos períodos el fraude electoral continuó perpetrándose con cinismo y miopía a través de la proscripción o exclusión de partidos o movimientos políticos.

Desde 1853 año de la sanción de la Constitución Nacional se produjeron seis golpes de estado. La tentación autoritaria y la obsesiva pasión por el poder han desnaturalizado el funcionamiento de las instituciones de la Constitución.

10. Gran parte de la historia argentina repite la recurrente tensión entre lo que el ciudadano cree debe ser el papel del Estado como institución fundamental de una sociedad organizada y la forma en que éste actúa e interviene como órgano político o en su función administrativa. Pocas sociedades en el mundo, como la nuestra, han concentrado tantas críticas en el Estado y en la forma que se practica la función política.

Son pocos los momentos de la historia argentina en que podría afirmarse que existe un clima político auténticamente democrático. Interdicción de partidos políticos, manipulación de la prensa, ausencia de un sistema legal de financiamiento y regulación de los procesos electorales que garantice la igualdad de oportunidades para los contendientes, utilización del poder del Estado para cooptar voluntades e inhibir la pluralidad de expresiones políticas y en oportunidades el uso de métodos

más sofisticados de disuasión, dominación o fraude permite. A pesar de que las elecciones respetan el formalismo republicano, la Argentina raramente ha cumplido con los cánones democráticos de los países occidentales.

11. La política ha adquirido en la Argentina el carácter de una actividad sospechosa porque muchos ven en la misma un espacio para cosechar privilegios o prestigios indebidos. Más aún, los representantes políticos elegidos por el pueblo olvidan su misión, transformando en un simulacro su mandato público. La ciudadanía recela de las promesas generalmente incumplidas de sus representantes, los jóvenes se sienten olvidados por ellos, los trabajadores usados y en general los sectores económicos los consideran incompetentes para comprender las complejas realidades de la producción y del mundo contemporáneo. Una gran mayoría de los dirigentes políticos desconfía de la inteligencia y es insensible a la cultura. La acción gubernamental, con frecuencia precedida de mínima reflexión, se reduce a un ensayo de prueba y error. Más aún, gran parte de la ciudadanía considera que las causas de la difícil situación por la que ha atravesado la República en diferentes épocas, puede encontrarse en la incompetencia de una dirigencia política que no ha sabido interpretar los problemas ni aprovechar las oportunidades de un país pleno de recursos y potencialidades.

12. En la Argentina la pasión por el poder es superior al proyecto de gobierno y la autoridad que otorga la función pública se transforma muy pronto en una inapelable instancia de mando que está por encima de la ley. En algunas circunstancias el ejercicio del poder en distintas jurisdicciones de la República, las metodologías de perpetuación de algunos gobernantes, la práctica de repartir favores y controlar el disenso, ofrece el espectáculo que recuerda un arcaico feudalismo o los viejos hábitos de un caudillismo antagónico a los principios que imperan en una sociedad moderna. Nada es más contrario a la democracia, y a la importancia que el conocimiento ha adquirido para la toma de decisiones al comienzo del siglo XXI, que este modo de concebir la política.

Escritores, artistas, pensadores han expresado hasta el cansancio sus críticas a estas prácticas disfuncionales de la política.

El siglo XX y los años que han transcurrido del siglo XXI, ofrecen un panorama decepcionante si se compara la calidad institucional y nuestras prácticas de gobierno con los patrones conceptuales o de hecho que imperaron en los estados desarrollados o los estándares internacionales que se usan para calificar a los países.

El Estado capturado por los gobiernos

13. La construcción de un estado administrativo moderno y profesional apto para ofrecer y gerenciar las prestaciones públicas en sociedades complejas, es una tarea pendiente en la Argentina.

Desde hace tiempo la administración del Estado ha estado sujeta a prácticas personalistas, patrimoniales y clientelares que responden a una "cultura arcaica" superadas en todas las sociedades modernas y democráticas.

En la Argentina el gobierno se identifica con el Estado y más aún muchos se consideran sus legítimos propietarios cuando acceden a cargos de gobierno por vías legítimas o ilegítimas. No se concibe al Estado como garante de los derechos, deberes y libertades expresadas en la Constitución Nacional con el propósito de realizar el bien común. Cada gobierno acapara al Estado y lo instituye como territorio propio para la expansión clientelar de la política sobre la administración pública. Los funcionarios de carrera son desplazados por políticos designados a dedo sin mérito ni formación.

Este Estado capturado por la falsa política es contrario a las prácticas de los países desarrollados. En todos los países desarrollados de la OCDE, en China, la India, Pakistán o Rusia los trabajadores civiles del estado constituyen un cuerpo permanente y profesional. Lo que comúnmente se llama la "función publica", el "civil servant" o "fonctionaire publique" ha desaparecido en la Argentina . El país solamente podrá acceder a un nivel superior de convivencia social y calidad institucional si transforma el Estado separándolo de los avatares y oportunismos políticos.

Durante el siglo XX se intentó en varias oportunidades crear normas para el ingreso a la administración pública de las cuales sólo ha sobrevivido la ley del Servicio Exterior que regula el ingreso a la diplomacia. Pero este cuerpo desde la restauración de la democracia en 1983 está cada vez más acotado y acosado por nombramientos políticos en la Cancillería y en el exterior.

Es imposible emprender negociaciones internacionales que duran largo tiempo, ni asumir las crecientes funciones o competencias que debe hacerse cargo el Estado en esta época de globalización, sin un organismo profesional con capacidad de análisis y planeamiento estratégico a largo plazo.

En el resto del estado la función pública ha casi desaparecido. La justicia, las Fuerzas Armadas y de Seguridad son los cuerpos organizados más importantes, aunque no por ello llenos de carencias y corruptelas.

La incursión de la política partidaria en los rangos de la función pública ha sido uno de los factores más negativos para el desarrollo y estabilización de la
Argentina.

La tentación presidencialista

14. La experiencia política en la Argentina pone de manifiesto que se repite con excesiva frecuencia un síndrome que destruye el equilibrio de los poderes previstos en la Constitución. Joaquín V. González ya había alertado sobre las peligrosas consecuencias de la "supremacía ejecutiva". Se trata de la primacía del presidente de la Nación ejerciendo una influencia y competencia que desnaturaliza el verdadero funcionamiento de las instituciones previstas en la Constitución y deteriora la

democracia. A fines del siglo XIX esta práctica se denominó "unicato", sistema del gobierno "elector" que fabrica partidos, las provincias transformadas en sucursales del gobierno nacional y éste absorbiendo competencias reservadas a los otros poderes. Manejo del presupuesto en forma discrecional, decretos de necesidad y urgencia, delegación de poderes del Congreso, un Poder Ejecutivo que se transforma en el vértice intocable de la autoridad, aplastando con su exclusivismo el libre juego de ideas y propuestas que caracterizan una sociedad democrática.

A veces el "presidencialismo" extremo se ha transformado en populismo cuando el "líder" prescinde de la mediación de las instituciones, del Congreso y de los partidos, estableciendo una pretendida relación directa con el pueblo sobre la cual asienta su autoridad.

De esta forma, el derrumbe del sistema de partidos que es precondición de una República democrática ha resucitado la lucha de facciones, tal como ocurrió en el siglo XIX.

15. Gran parte de la historia política de la Argentina transcurre en esa lucha de facciones por el poder, lo cual ha impedido la "continuidad" en las políticas nacionales generando un síndrome que se repite: todo gobierno niega legitimidad al anterior y se asigna a sí mismo el papel de "salvador de la patria" o "regenerador".

Desde el primer gobierno radical de Hipólito Yrigoyen este es un hecho que se repite. Ello implica como consecuencia, la anatemización de los recursos humanos que sirvieron en el gobierno anterior y el trato de "enemigos" a los opositores políticos. Esto ha generado división y odios.

El hiper presidencialismo acapara poder y competencias imponiendo una hegemonía sobre la sociedad que distorsiona el sistema de controles y equilibrios que la Constitución prevé para el funcionamiento de sus tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial).

16. El federalismo ha sido desnaturalizado por dos fuerzas contradictorias que recurrentemente aparecen reflejadas en la conducta de los gobernantes. Por un lado el caudillismo feudal o familiar que dificulta la pacífica alternancia de los cargos políticos (desde la restauración de la democracia en nueve de veinticuatro provincias no ha habido alternancia de partidos) y por otro el presidencialismo invasor de las autonomías provinciales. Ambas fuerzas responden a un mismo impulso: el deseo de aumentar el poder que les otorga la República. Del presidencialismo absorbente surge el personalismo y del caudillismo una demagogia que en ambos casos destruyen la democracia y el respeto a las minorías. Ambos fenómenos han atrasado el desarrollo de la Argentina y creado profundas tensiones en el seno de la nación.

Las prestaciones sociales y la educación

17. En lo social el mejoramiento general de las condiciones de vida de la población que se evidencia a partir del Primer Centenario ha sido transformado en las últimas décadas en un proceso de exclusión y acrecentamiento de las brechas entre pobres y ricos.

Hace treinta años sólo el 8% de la población figuraba en la categoría de "pobre", mientras que en el año 2002 el índice de pobreza abarcó el 53% de la población del país. Si bien ese índice ha bajado en el año 2007 no es menos cierto que 1/3 de la población de la Argentina se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Esta es una situación vergonzosa si se tiene presente los recursos y nivel de desarrollo de la Argentina.

18. Si analizamos desde una óptica más amplia la situación social de algunos sectores de la población o del territorio social de la Argentina concluiremos que las prestaciones de salud, las condiciones sanitarias de algunas zonas del país, el nivel de las jubilaciones o el porcentaje de asalariados que no aporta a la Seguridad Social son realmente alarmantes. Es posible afirmar que la Argentina es una "sociedad fragmentada".

Si bien el país cuenta con más de 150.000 camas de internación -lo necesario según estándares internacionales- de los cuales el 55% son públicas y 45% privadas y se gasta aproximadamente 700 dólares por persona, los estudios comparativos señalan que existe una baja calidad de prestaciones con relación al gasto realizado. Casi 15 millones de personas concurren a los hospitales públicos y todos conocemos la penuria a la que están expuestos, salvo excepciones que dependen del esforzado personal hospitalario. En salud de nuestra población gastamos proporcionalmente más que Chile y Uruguay, pero tenemos una más elevada mortalidad infantil.

Desde hace varias décadas las condiciones de saneamiento distribución y tratamiento de las aguas en las grandes concentraciones urbanas se están deteriorando peligrosamente. Ocho millones de personas que viven en la Argentina carecen de agua potable en sus domicilios y dos millones tienen problemas de salud a causa del agua contaminada por arsénico o fluor.

19. Si bien la educación primaria, secundaria y universitaria llegó a tener un nivel de excelencia comparable con las naciones más adelantadas del mundo, en las últimas décadas del siglo XX se evidencia no solo un debilitamiento del esfuerzo en la inversión educativa, sino una disminución en la calidad de la enseñanza y un achicamiento del interés en cursar disciplinas de contenido científico o tecnológico.

El clima de convivencia en los centros educativos se ha deteriorado como lo evidencian los hechos de violencia que tuvieron lugar en la Universidad de Buenos Aires durante el año 2006. El Rector ha declarado que la Universidad es un "caos".

Los resultados de una evaluación realizada a fines del siglo XX (1998) de Estudiantes de Educación general Básica efectuadas en el tercer, sexto y séptimo año, demuestra una caída en el rendimiento de las asignaturas especialmente en el caso de la lengua. Los porcentajes demuestran que las respuestas correctas estuvieron por debajo del cincuenta por ciento, el resto no estaba en condiciones para comprender correctamente un texto leído (2). En el mes de diciembre de 2001 el 86%

de los aspirantes a la carrera de ingeniería en la Universidad Nacional de La Plata, fueron reprobados en la materia de matemáticas que los eximía del curso de ingreso. (3).

Mientras las exigencias de la competencia internacional aumentan el componente científico de los recursos humanos para el desarrollo, la cantidad de diplomados en carreras de ese tenor es proporcionalmente menor que en los países de similar o menor status económico que la Argentina.

De cada cien abogados que se gradúan en las universidades públicas, lo hacen sólo dos matemáticos y un físico (en las universidades privadas la proporción es menor: un matemático y menos de un físico) Los graduados en ciencias agropecuarias son la mitad de los que se reciben en psicología en las universidades públicas (en las privadas el 10%).

En las universidades públicas los alumnos que cursan ingeniería, ciencias agropecuarias, química, física y matemáticas son menos del 10% del total de la matrícula (en las privadas 2.4%).

En un país que tiene gran futuro minero como lo es la Argentina sólo se gradúan ocho ingenieros en la especialidad por año en las universidades públicas.

Esta reducida cantidad de graduados en disciplinas científicas se repite en ingeniería de los alimentos y forestal o en el área de la ecología y ciencias del medio ambiente. (4) La Argentina está en esta materia muy por debajo que Colombia, Chile, México, Japón, Corea y China.

Una economía vacilante.

20. La cultura del bienestar material, como afirmamos, es uno de los paradigmas que movilizaron a la comunidad de la Argentina. Trabajar, hacer, estudiar, construir, ha sido un motor de las aspiraciones sociales. Sin embargo, la riqueza no siempre ha tenido una clara filiación con el esfuerzo productivo.

En la Argentina la economía ha tenido algo de kermesse. La cultura ha erigido al logro económico en uno de sus valores más admirados, sin referencia a medios o mejor dicho sin necesidad de que el éxito estuviera vinculado al esfuerzo propio o al trabajo. El endeudamiento público fue una poción milagrosa y la especulación un recurso lúcido que con frecuencia sustituyó al ahorro.

La rápida expansión de la frontera agropecuaria, la facilidad de un comercio de exportación impulsado en gran parte por firmas extranjeras, en fin, el desarrollo industrial con frecuencia al abrigo del favor o la protección selectiva del estado, no ha permitido difundir en la sociedad una cultura que valorice el esfuerzo, el espíritu competitivo y el ahorro sostenido en el tiempo. El afán materialista de esta cultura, tal como lo han señalado muchos intelectuales e historiadores, ha sido confirmado por

una marcada inclinación a confiar en la providencia, en las seguridades que otorga el monopolio, en el difundido hábito de la especulación, en la influencia del poder político de turno que permita sacar provecho de contrataciones privilegiadas, en fin en la ilusión de la ganancia rápida. Algunos economistas han afirmado que la Argentina es una "economía de renta". Todos ellos son factores que distorsionan la lógica del proceso productivo y desactiva el "ethos" de la confianza competitiva que ha sido el motor de los países que han logrado conquistar un alto desarrollo para sus economías.

21. Esta configuración de la cultura productiva dominante en la Argentina, puede con razón ser desautorizada por aquellos empresarios que han apostado al trabajo persistente, la inversión y la innovación tecnológica, logrando consolidar empresas productivas ejemplares. Debemos destacar el extraordinario esfuerzo de modernización e innovación tecnológica que se comprueba en el sector agrícola (lo que permitió récords históricos de cosecha) de empresas tecnológicas con gran éxito en la conquista de mercados exteriores (entre otros, la venta de un reactor atómico experimental a Australia en competencia con industrias de países altamente desarrollados). Cabe agregar el ejemplar esfuerzo de la tecnología desarrollada en la Argentina como lo prueba la construcción de radares, de isótopos destinados a tratamientos de la salud y de satélites de última generación que integran un programa espacial internacional. Pero estos sectores industriales, agrícolas, comerciales o de servicios integrados por grandes, medianas o pequeñas empresas que constituyen el más estable y rico tejido productivo de la Argentina, con alta absorción de mano de obra y adaptados a una economía libre de mercado, no han podido transformar los hábitos de la cultura dominante descripta. Más aún, estos sectores motivados por criterios de excelencia productiva han sido con frecuencia los que padecieron las consecuencias de políticas gubernamentales que favorecen la concentración y desdeñan el valor estratégico de las pequeñas y medianas empresas que constituyen la fortaleza social de todos los países que se desarrollan.

22. El ascenso económico de las últimas décadas del siglo XIX continuó con vigor hasta la Primera Guerra Mundial para enfrentar a partir de la década del veinte condiciones internacionales menos favorables. La crisis de 1929 y el proteccionismo creciente en los grandes mercados para las exportaciones tuvieron consecuencias negativas para la economía argentina que estuvo desde fines del siglo XIX muy dependiente de la coyuntura internacional.

23. Es posible detectar los factores que han actuado en forma negativa sobre la consolidación de un sólido desarrollo económico.

La Argentina ha carecido de políticas públicas de desarrollo e industrialización con visión estratégica, como ha ocurrido en Brasil, en Francia a partir del gobierno del General Charles de Gaulle, o en los llamados tigres asiáticos.

Muchos sectores industriales en los que se invirtieron cuantiosos esfuerzos humano y recursos financieros fueron después destruidos por políticas inspiradas en modelos ideológicos opuestos.

Un segundo factor es la evasión fiscal y la permanente exportación del ahorro nacional. Este fenómeno es el reflejo de una generalizada ausencia de un sentido de pertenencia y confianza en la Nación. A esta deserción de la obligación fiscal hacia la

comunidad se agrega la práctica, iniciada ostensiblemente en la década de los años setenta, de una sistemática exportación del ahorro nacional que se acumula en cuentas extranjeras, que no se declaran y que con frecuencia ha transitado por los secretos corredores de la evasión fiscal.

No hay experiencia en el mundo de una Nación que haya depositado en el exterior un ahorro que representa más de la mitad de su producto bruto interno. Una riqueza anónima y prófuga que reduce las posibilidades de crecimiento y ahonda el descompromiso con el país real. Para algunos la Argentina se ha transformado en un “país-dormitorio”

Los sucesivos sistemas impositivos han reflejado un descompromiso con el estímulo a la iniciativa productiva, favoreciendo las colocaciones financieras y las altas rentas sin que este enfoque haya estimulado la inversión ni la formación de un mercado de capitales dinámico. A este segundo factor se agrega el hecho de que la carga impositiva se programa teniendo como preferencia la facilidad de la recaudación (retenciones, impuestos al cheque) más que el principio de equidad el estímulo a la producción. El sistema impositivo ha extremado su complejidad y superposiciones de impuestos que dificultan tanto su percepción por parte de los organismos de recaudación como su cumplimiento por parte de los contribuyentes.

El tercer factor negativo es la ausencia de seguridad jurídica, situación que se percibe por todos los sectores sociales, tanto los empresarios como los jubilados, los contratistas del estado como los contribuyentes. Cada gobierno modifica normas, reglas de juego y políticas que afectan los derechos y o obligaciones de la relación con el Estado, los contratos privados y los demás factores que condicionan el riesgo económico.

Es por ello que la Argentina se percibe desde el exterior como un país impredecible e inestable.

La ausencia de políticas con una vis 

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