Existe todavía una esperanza

Edición Almanaque - Diciembre 2006

Fue en San Francisco el 26 de junio de 1945 donde se suscribió la Carta de las Naciones Unidas que crea un nuevo orden internacional con el fin de prevenir situaciones como las que en el siglo XX habían provocado dos conflagraciones mundiales. Los representantes de cuarenta y cinco estados querían poner fin al uso de la guerra como instrumento de la política y establecer el respeto de la soberanía, la integridad territorial y la no ingerencia en los asuntos internos como principios de convivencia entre los estados.

Muchas veces en la historia se había pretendido reordenar el mundo. Enrique IV de Francia esbozó sin éxito su "gran designio" y el filósofo Emmanuel Kant formuló un proyecto de Paz Perpetua (1795). Luego de la Guerra de los 30 Años que en Europa enfrentó a católicos y protestantes dejando un saldo de diez millones de muertos, se firma en 1648 el Tratado de Westfalia que instituye a los estados como actores dominantes del sistema internacional. Al final de las guerras napoleónicas las grandes potencias europeas se reúnen en 1815 en el Congreso de Viena para establecer mecanismos de intervención con el fin de defender un orden basado en la legitimidad monárquica. Finalizada la Primera Guerra Mundial en 1919 se creó con sede en Ginebra, la Sociedad de las Naciones, primer organismo político con vocación universal, pero ésta no fue capaz de prevenir la Segunda Guerra Mundial. Sobre sus muertos y cenizas nacería una nueva esperanza: la Organización de Naciones Unidas.

La Conferencia de San Francisco que se inauguró en abril de 1945 por invitación de las Potencias Aliadas y Asociadas que lucharon contra el Eje, fue liderada por Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill y José Stalin. Se dice que en el espíritu de los padres fundadores brillaba un "inusual intelecto" y "honesto idealismo" a pesar que la Segunda Guerra Mundial no había aún finalizado. (1)

Roosevelt, ya enfermo y pronto a ser sucedido por Truman, fue el primer convencido de la imperativa urgencia de construir un orden internacional para "un mundo" (one world), frente a la visión de las "esferas de influencia" sostenida por Stalin.

La Carta de San Francisco que creó las Naciones Unidas, adoptó la concepción universalista según la cual evita una amenaza o ruptura de la paz, todas las naciones comparten un interés común en todos los problemas. Introdujo una garantía, "la seguridad colectiva", en virtud de la cual evita una amenaza o ruptura a la seguridad internacional el Consejo de Seguridad decidirá por mayoría de sus quince miembros, incluyendo los cinco permanentes (China, Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética) las medidas necesarias para hacer frente a la situación, incluyendo el uso de la fuerza.

¿Cuál es la novedad que introduce la Carta? Se quiso poner fin a la política de poder y al sistema de equilibrio vigente desde la antigüedad, pero sobre todo el instaurado por las Grandes Potencias a partir del Congreso de Viena. Esta es la gran innovación. Existe la prohibición de utilizar unilateralmente la fuerza -salvo en "legítima defensa-, para dirimir un conflicto de intereses.

Si pretendiéramos hacer un balance del funcionamiento del sistema de "seguridad colectiva" la historia de la ONU comprende sesenta años de éxitos y fracasos, de anuncios y esperas, de ilusiones y decepciones. Durante la "guerra fría" -1948-1990-, es cierto que el sistema no se respetó, sobre todo a causa del veto sistemático de la U.R.S.S. De un lado y otro de la "cortina de hierro" hubo intervenciones militares. Hungría (1956), Checoslovaquia (1968), Afganistán (1970/80). Del lado occidental: Vietnam, República Dominicana (1965), Panamá (1989). Del lado soviético se trataba de acciones para consolidar el sistema del bloque frente a lo que se llamaría el imperialismo norteamericano; del lado occidental las intervenciones fueron justificadas en la necesidad de hacer frente al peligro de la subversión comunista.

La caída del Muro de Berlín abrió una nueva esperanza que no logró concretarse por la irrupción de numerosos conflictos civiles e intervenciones militares. A la primera guerra de Irak se suman los conflictos étnicos de Ruanda, Somalia y Yugoslavia. En Kosovo se invocó la doctrina de la “intervención humanitaria”. La guerra fría había terminado, pero la incertidumbre del "choque de civilizaciones", como dice Huntington, comenzó a oscurecer el horizonte.

El atentado a las Torres Gemelas es sin duda una divisoria de aguas en la historia de las Naciones Unidas, porque los Estados Unidos enuncian al año siguiente una nueva doctrina de seguridad basada en la "guerra preventiva", poniéndose de este modo en tela de juicio los principios establecidos en San Francisco. En los Estados Unidos los conservadores celebraban el fin de las Naciones Unidas "como fundamento del nuevo orden mundial" y del “concepto liberal de la seguridad obtenida por el derecho internacional puesto en aplicación por las instituciones internacionales “ (The Guardian, 21.3.2003).

Al enfrentar el desafío que Irak representó en el año 2003, Francia, Alemania y otros países europeos reafirmaban su apoyo a la Carta, sosteniendo como lo dijo el Presidente Chirac que "nadie puede aceptar una sociedad sin reglas". Para el canciller Dominique de Villepin se trataba de "dos visiones del mundo". Europa vive un sistema que rechaza por igual la guerra y el viejo método de equilibrio de poder. A principios del siglo XXI, superada la guerra fría, las Naciones Unidas viven su más dura prueba. La guerra de Irak (1991) -donde se utilizó el equivalente de fuego a seis bombas atómicas sobre Hiroshima-, los conflictos culturales, étnicos y religiosos, el terrorismo, la pobreza extrema de dos mil setecientos millones de seres humanos, las pretensiones hegemónicas entre otros fenómenos son desafíos acuciantes para los que creen en la legitimidad de los principios de San Francisco.

En muchos campos el saldo de las Naciones Unidas es excepcional: su vasta influencia y labor humanitaria, la difusión de los paradigmas de paz y confianza, la promoción de la cooperación internacional, el mejor uso de la asistencia técnica, la defensa de los derechos humanos y los múltiples programas funcionales en casi todos los campos de la actividad.

Sin embargo, al comenzar siglo XXI, parecería que la oposición entre la visión de Thomas Hobbes -para quien el estado natural del hombre es la rivalidad y la lucha-, y los ideales de Kant quien creía posible una "paz perpetua", vuelven a enfrentarse ofreciendo dos formas de convivencia posibles. La sumisión o la libertad.

Lo que suceda en esta década será sin duda determinante para comprobar si la visión de Plauto -según la cual "el hombre es un lobo para el hombre"- prevalecerá o no frente al paradigma de paz y seguridad que inspiró la Carta de San Francisco.

Los argentinos creemos firmemente que la humanidad sabrá encontrar un futuro más próspero,seguroypacífico. Ellonodependerádeloquevayaapasar,sinodeloqueseamos capaces de hacer.

(1) Schlesinger, Stephen C. Act of Creation. Westview, 2003. 

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