No hay razón para caer en el pesimismo - Diario La Nación

 

Sabado 25 de Septiembre - Diario La Nación.

 

Se mueve en París como pez en el agua. Se lo reconoce por sus vínculos políticos y sociales en Francia y por su habilidad para capitalizarlos en favor de la Argentina.

Archibaldo Lanús, diplomático de carrera, conjuga, como pocos, la vida intelectual con la de las realizaciones concretas. Abogado y doctor en Economía -recibido en la Sorbona-, con tesis sobre integración económica en América latina, ocupó también los cargos de embajador ante las Naciones Unidas y los organismos internacionales en Ginebra, ante el GATT y ante la Unesco. Fue vicecanciller durante la gestión de Domingo Cavallo y es autor de "El orden internacional y la doctrina del poder", "De Chapultepec al Beagle", "La causa argentina", "Un mundo sin orillas" y "Aquel apogeo".

Como embajador argentino en Francia ha logrado hacer de la casa de 6 Rue Cimarosa, sede de nuestra representación diplomática, el centro de la vida cultural, no sólo de los compatriotas anclados en París, sino aun de los franceses, que no dejan de sorprenderse por la vitalidad y la riqueza de propuestas de un país que, paradójicamente, cada tanto parece caerse del mapa. En su segundo período en Francia -ya nos había representado de 1994 a 1999 y ahora lo hace desde 2002- el incansable Lanús alterna, como anfitrión, las rondas de negocios para promover nuestros productos y las reuniones con empresarios con la presentación de nuestros artistas, las exposiciones de pintura y escultura, los ciclos de cine argentino, las clases de tango, los cursos de español, los talleres de literatura... "Todas estas actividades le dan una fuerte presencia a la Argentina y ayudan a mantener el nombre del país en la memoria colectiva", dice.
Como intelectual comprometido, anima a la distancia el grupo de estudios, reflexión y propuestas Ideas para la Argentina. Y no desaprovecha sus esporádicos viajes al país para visitar alguna localidad del interior y "palpar esa realidad que muchas veces no se ve desde Buenos Aires". En su último viaje recorrió el norte argentino. "He visto fábricas de papel, de azúcar, nuevos viñedos, frutales, un turismo floreciente. Me sentí muy orgulloso de mi propio país. Por eso, no hay que mirarse el ombligo, hay que salir, caminar y ver la fuerza que tiene la Argentina, con gente digna, entera y con una identidad que maravilla a los extranjeros."

 

-¿Cómo ve el país desde el exterior?

 

-A menos de dos años del dramático colapso institucional y financiero, la prensa extranjera señala la capacidad de recuperación de la Argentina. El mundo cree que el nuestro es un gran país, con abundantes riquezas, culto, con una fabulosa geografía. Somos nosotros los que no queremos verlo. Personalmente, pienso que sólo nos falta actuar con inteligencia y creer en nuestras capacidades. Sabemos que hay grandes desafíos externos e internos, pero ésa es la tarea que debemos encarar.

-¿Cuáles son esos desafíos?

-Por un lado, debemos asegurar la igualdad de oportunidades y reducir las desigualdades, que son enormes, de las más grandes de América latina y del mundo. Evitar la formación de una sociedad de excluidos, lo que va en contra de nuestro sueño nacional. Las políticas de Estado deben promover la igualdad, pero, a su vez, tienen que crear condiciones de estabilidad jurídica que aseguren la vigencia de la propiedad y los contratos privados, con el fin de estimular los negocios y las inversiones. La libertad de iniciativa privada es fuente de crecimiento del producto y de prosperidad.

-En el plano internacional, ¿qué desafíos concretos mencionaría?

-Primero, lograr que en las negociaciones en curso en la Organización Mundial de Comercio se pueda acordar con los países desarrollados un programa de reducción del proteccionismo agrícola, que tanto afecta a las exportaciones de nuestros productores, a nuestras economías regionales y a nuestra gente. En el mundo, 2730 millones de personas viven con menos de los subsidios que se le dan a cada vaca. Una vaca de la Unión Europea recibe un subsidio de 2,67 dólares por día y una vaca de Japón, 11,86 dólares. En tanto, en el año 2000, 2730 millones de personas en el mundo vivían con dos dólares por día. Es una aberración. Otra cosa importante es continuar profundizando la integración en el Mercosur. Debemos robustecer nuestros vínculos con América latina.

-Usted habla de estimular la actividad productiva, creativa y cultural como motor de ascenso social. Pero, ¿cómo?

-No se trata de copiar a países exitosos, como Corea, Nueva Zelanda o Canadá, sino de ser actores en el escenario internacional a partir de lo que somos. Tenemos que asentar nuestro desarrollo sobre bases firmes, no sobre espejismos, sobre falsos expedientes, como el de vivir de prestado. Debemos replegarnos hacia la verdad, porque los argentinos tenemos tendencia a la evasión.

-¿Cuáles son los criterios de verdad en este mundo globalizado?

-Hoy en día lo que cuenta es la estabilidad del sistema político, la transparencia, el respeto por los derechos humanos, bajar los decibeles del conflicto social, la calidad del sistema jurídico, la calidad de la administración, el cumplimiento de las obligaciones internacionales.

-¿Los argentinos tenemos claro esto?

-No lo sé. Algunos sí y otros no... El mapa del mundo es totalmente distinto del de hace 30 años. Ahora bien, la Argentina tiene una falla respecto de este nuevo mapa. Por empezar, todavía no nos hemos puesto de acuerdo acerca del papel que debe cumplir el Estado. Si queremos adaptarnos al nuevo mundo político y económico, la función del Estado es esencial. Además del desarrollo del conocimiento en el mundo actual, el nuevo escenario exige a los países tener un Estado eficiente, profesional e idóneo para manejar temas primordiales de la agenda internacional, como la protección del medio ambiente, las normas sobre las armas de destrucción masiva, la seguridad internacional, la apertura de la economía, la desregulación, las reglas de la competencia. Por eso, considero prioritario mejorar el profesionalismo del Estado y robustecer su capacidad de gestión internacional. El Estado es el mediador social y el prestador de numerosos servicios que el mercado privado no asegura, o lo hace sólo en parte. Por eso, en algunos aspectos necesitamos más al Estado hoy que en una economía cerrada como la del pasado.

-Sin embargo, históricamente, el Estado argentino aparece como un monstruo de muchas cabezas...

-Nuestra literatura -pensemos en Ascasubi, en Payró, en Arlt- refleja una constante crítica y un desapego popular hacia el Estado, que generalmente se identifica con el gobierno o con las prebendas, los privilegios, la falta de honestidad. Más que como representación de lo colectivo, el Estado se manifiesta como la representación de lo ajeno y esto constituye una debilidad para la modernización de la Argentina.

-¿Cómo se resuelve?

-Con transparencia, con profesionalización y con ética. Creo que se están haciendo adelantos en esta materia. Pero, además, ante cualquier intento de querer ser en el mundo, de operar en el sistema mundial, tenemos que tener en claro que el conocimiento se ha transformado en un insumo. La inteligencia es el principal instrumento para desarrollar un país. Yo creo que el argentino tiene hambre de educación. La vocación del argentino por el saber es paralela a la aspiración de ascenso social, que ha sido muy fuerte a través de nuestra historia y que fue emblematizada por Florencio Sánchez en "M´hijo el dotor".

-Pero tras aquella Argentina, donde la educación era central para materializar el paradigma del ascenso social, nos enfrentamos ahora a la frustración de ver que nos estamos convirtiendo en una sociedad de movilidad social descendente. ¿Cómo frenar eso?

-Creo que si no hay un crecimiento de las actividades productivas es muy difícil visualizar un país con paz social, con buena educación, con buena salud. Hoy en día, los Estados son examinados, como las empresas, en materia de economía, de ecología, de corrupción, de derechos humanos, de todo lo que englobamos como el riesgo país. Tenemos que tratar de generar un espacio favorable y bien calificado, porque no estamos fuera del mundo. Irremediablemente, no podemos estarlo. Tenemos que producir confianza y la primera confianza es la de los argentinos. Si los argentinos no tenemos apego y confianza en nuestro país, ¿qué podemos esperar de los de afuera?

-No sólo no hay confianza, sino que hay fuga. Estamos perdiendo a muchos de nuestros mejores jóvenes...

-Ese debilitamiento de la confianza coincidió con el descenso del rango de la Argentina en el mundo, que empezó más o menos a principios de los 60. En 1920 teníamos el mismo ingreso que Francia e Italia. Hace menos de cien años teníamos más kilómetros de ferrocarriles por habitante que los Estados Unidos y en algunas épocas los salarios que se pagaban aquí eran superiores a los de Europa. Recordemos lo que fue la euforia del Centenario, en 1910, cuando El Diario, de Madrid, dijo que la fuerza argentina "aniquilará todo lo que se oponga a su paso". Cuando el presidente norteamericano Herbert Hoover inició una gira por el continente, en 1928, el Washington Post nos describió como "el coloso del continente americano". Tampoco Albert Einstein disimuló sus impresiones sobre nuestros progresos científicos. Esta vocación de cultura, esta apetencia de avance científico y tecnológico, no se ha perdido en la sociedad. Hemos degradado la igualdad de oportunidades, pero no hemos dejado de anhelarla. La Argentina tiene tres satélites totalmente producidos por nuestros técnicos y tiene tres más en construcción; está ligada con agencias tecnológicas de primer nivel, ha vendido reactores nucleares a Egipto, a Argelia, a Australia, en competencia con los países desarrollados. Creo que debemos reconocer que hay un deterioro, pero no caer en el pesimismo de creer que ya no somos lo que debemos ser.

-¿Es difícil gobernar la Argentina?

-Es difícil. Vemos a lo largo de la historia que ha habido una larga tensión entre la gobernabilidad y la legitimidad política. Afortunadamente, creo que hoy hemos superado esas antinomias. La fuerza de nuestro pueblo, nuestro genio, está en sobreponerse a la adversidad. Hay pocos pueblos con la calidad humana y el idealismo del nuestro. Quizá nuestra dificultad está en llevar a lo colectivo esos ideales individuales.

-¿Entiende esto la clase dirigente?

-Uno de los problemas que ha tenido el país, claramente reflejado por la literatura de principios del siglo XX, es el no compromiso de las elites con el destino de su país. A lo largo del siglo XX éste ha sido un problema recurrente. De allí la importancia de un cambio de actitud a partir de paradigmas respetados. Ese cambio tiene que ser ejemplar. Las sociedades se mueven también por efectos miméticos. Tenemos que incentivar el deseo de progreso, la iniciativa, el esfuerzo, el trabajo, pero en un contexto de confianza y de ética, pública y privada. Ese será el gran motor de la Argentina. Con ejemplos y conductas, cambia la realidad. Yo creo que la Argentina está perfectamente dotada para tener éxito.

-¿Cómo vencer el pesimismo?

-Ese es otro de los grandes desafíos. Porque esta hecatombe no fue producto de un accidente geológico. Fueron errores y los errores los están pagando los más desprotegidos. Hoy la sociedad argentina ha visto la realidad cara a cara. Estamos tratando, colectivamente y con esfuerzo y voluntad, de producir este despegue. Como en "La república", de Platón, los que ya salieron de la caverna tienen que ayudar a los que quedaron a que salgan de ella. El instrumento es el conocimiento, la educación. Tenemos que ayudar a los que están mal, a los que están caídos, a que se levanten, porque ésa es la única forma de hacer una Argentina grande. No podemos ser un país importante en el mundo en medio de villas miseria. Eso es imposible. Necesitamos recursos, optimismo, generar una fuerza ascendente y volver a creer en el futuro, en lo que siempre fuimos, en lo que somos. Tenemos que recrear la utopía colectiva del ser y el hacer.

Por Carmen María Ramos Para LA NACION

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/639380-no-hay-razon-para-caer-en-el-pesimismo-dice-archibaldo-lanus 

 

 

 

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