Breve oasis de glamour, política y diplomacia

Piquetes, marchas, tránsito endemoniado, acto sindical en la Plaza, palabras políticas irritadas, odio más que rivalidad; y además el calor y la breve tormenta, y el apuro y las Fiestas, shoppings en función trasnoche, noticias de saqueos que son recuerdos horribles volviendo como un mal sueño, loca y enojada Buenos Aires de un diciembre que se estira hasta hacerse insoportable; y en medio de tanta alienación los brindis, las tarjetas de buenos deseos, agasajos formales en oficinas públicas, despachos oficiales, hoteles y sedes de empresas, saludos entre extraños, ocasiones sociales para enyesarse la sonrisa, levantar una copa, hablar liviano de cosas pesadas y tratar las cuestiones triviales como si tuvieran importancia, una cierta impostación que también agota, un vacío.

Tampoco es el fin del mundo, ni el que predijeron los mayas ni ningún otro. Y hay ocasiones que adquieren otro tinte más grato, donde no es el puro compromiso lo que ordena la agenda. Como sucedió al comienzo de la semana, calle Esmeralda abajo pasando Arroyo, en un apartamento del señorial Palacio Estrugamou, bello complejo de cuatro edificios alrededor de un patio magnífico, diseño de inspiración francesa de los arquitectos Sauze y Huguier, estrenado hacia el final de los años ‘20 cuando el país miraba y copiaba a Europa.

El anfitrión fue Archibaldo Lanús, diplomático de rica carrera, dos veces embajador en Francia -la última con Kirchner presidente-, peronista para más datos, escritor, fino coleccionista del arte y de la historia. En su casa coincidió una módica legión de personajes que en otras circunstancias hubiese desatado un festival de especulaciones.

Pero ninguno imaginó conspiraciones febriles y a nadie asombró demasiado que en ese encuentro restringido estuvieran a la vez Mauricio Macri, Roberto Lavagna y Ernesto Sanz , jugadores fuertes del juego del poder y aspirantes a ponerle su nombre a alguna porción generosa del futuro.

Se vio muy animado al radical Marcelo Stubrin, representante de la oposición en el AFSCA, organismo de alta sensibilidad en el control a los medios. El auditor general Leandro Despouy, tentado a entrar en el juego de las candidaturas radicales, fue otra presencia llamativa.

Otros que departieron con buenos modos fueron el áspero sindicalista Momo Venegas, el radical ex ministro de Defensa Horacio Jaunarena, el peronista ex intendente porteño Jorge Domínguez y el embajador y experto en energía nuclear Rogelio Pfirter.

También rodeaban las mesas elegantes del cóctel los radicales inoxidables Jesús Rodríguez, Facundo Suárez Lastra, Ricardo Yofre y Marcelo Bassani, y los peronistas resistentes Carlos Campolongo y “La Colorada” Teresa González Fernández. Se explayaban sobre los armados políticos por venir, las alianzas posibles, las ilusiones lejanas.

En los corrillos, donde se elogiaba el catering de El Ombú, conversaban animados algunos economistas, varios periodistas y señoras con alto perfil propio como la empresaria Juliana Awada, siempre amable y elegante; Ana D’Anna, directora artística de Juventus Lyrica; Graciela Yofre, ejecutiva de turismo; o la artista y filósofa Blanca Alvarez de Toledo.

Se comentó con verbo ácido el inhóspito despido, ese día, de Jorge Argüello como embajador en Washington. Se evaluaba qué alcance tendría la convocatoria de Hugo Moyano y la CTA a Plaza de Mayo, finalmente algo menguada. Y hay que decirlo: no se escuchó ningún elogio para Cristina . Pero las críticas y denuestos contra el Gobierno, totalmente esperables, no llevaron a ningún invitado a perder la compostura.

Al encuentro no le faltó su toque glamoroso con roce internacional. Sin levantar la voz ni perder la sonrisa, mundano y leve como correspondía a la ocasión estaba el diseñador Roberto Devorik, quien supo ser buen amigo y asesor de vestuario de Lady Di durante más de una década, y que acá representó a la firma Polo Ralph Lauren.

El motivo de esa extraña convocatoria variopinta asumida por el embajador Lanús fue agasajar a María Laura Avignolo, corresponsal de Clarín en París, unida a los asistentes por lazos de afecto personal y respeto profesional.

La reunión fue apenas un oasis breve. De vuelta en la calle la oscuridad de la noche, cálida y untuosa, devolvía al afán inagotable de la ciudad.

FUENTE: http://beta.clarin.com/opinion/Breve-politica-diplomacia-Palacio-Estrugamou_0_833916699.html

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